El desaprovechamiento digital

digital-introHace unos años, cuando los dispositivos ópticos se iban consolidando como la forma más eficiente de almacenar videojuegos e internet se metía en los hogares como el típico cuñado tocapelotas, algunos visionarios unieron cabos y proyectaron su imaginación hacia un futuro no muy distante en el que los videojuegos no fueran cartuchos, discos, cajas ni tarjetas. Esos individuos tan perspicaces sabían sobradamente lo que era un videojuego: una idea, un concepto, una serie ordenada de bytes que no es necesario empaquetar y distribuir como el que empaqueta y distribuye mandarinas.

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Un mundo infeliz

mundoinfeliz-01El salvaje, retrojugador nativo, reposaba tranquilamente en su reserva cuando un par de individuos de extraña vestimenta invadieron su apacible habitáculo. Uno de ellos se apoyó en la pared donde yacía colgado un póster del Capitán Falcon y comenzó a hablar en términos casi ininteligibles. El salvaje, no obstante, alcanzó a entender las palabras suficientes para comprender que tendría que abandonar sus anticuadas costumbres y acompañarles a conocer el feliz mundo de los nuevos videojuegos.

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La teoría de la montaña rusa

montañarusa-introPocas cosas cortan más la respiración que el momento en el que baja la barra de protección de nuestra pintoresca vagoneta y comienza la lenta pero implacable subida. La frente perlada de frío sudor no es más que uno de tantos síntomas que reflejan esa extraña mezcla de miedo e impaciencia, de desconocimiento e ilusión. Intuimos, sin lugar a dudas, a dónde nos lleva todo: el tren se detendrá en el mismo punto donde comenzamos, las barras se levantarán y los usuarios bajarán ordenadamente mientras sonríen, disimulando el mareo y dejando paso a una nueva tanda de ingenuos y aventurados clientes. La experiencia es absolutamente completa: los preliminares generan la tensión adecuada y ese momento final en el que te alejas de la atracción mientras comentas las sensaciones con tus amigos o familiares refuerza el recuerdo de la pequeña aventura. Entre tanto, las idas y venidas a toda velocidad y los loopings imposibles provocan gritos descontrolados y aumentan nuestras pulsaciones hasta niveles posiblemente no muy saludables. Una obra de ingeniería meditada y diseñada para estimular continuamente la segregación de endorfinas. Felicidad pura y dura, que lo dice la química.

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Umbral de originalidad

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Cualquier desarrollador de videojuegos, por poco pretencioso que sea, anhela desarrollar mecánicas nunca vistas. Lo que está, está; lo que existe, existe y encima ha sido perfeccionado una y otra vez. En cambio, los esquemas que a nadie se le han ocurrido y los géneros que aún no han sido inventados continúan en la oscuridad del mundo de las ideas a la espera de que el iluminado de turno los encuentre mientras se adentra palpando e implorando a las musas un atisbo de piedad. Es lógico, ¿quién no quiere ser recordado? ¿A quién no le gustaría pasar a la historia, tener su artículo en Wikipedia y que la gente fuera diciendo a su paso “miren, allí está el que lo revolucionó todo, vayamos a adorarlo”? Ser el que ve más allá; que todos estaban ciegos menos tú, que no bebes.

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La parodia jugable

parodia-introQue los seres humanos no somos un ejemplo a seguir es algo que muchos tenemos bastante claro desde que disponemos de conciencia. Somos viles, débiles y sumisos; se nos manipula con facilidad y es difícil sacarnos de nuestra cómoda poltrona para mover un dedo por cambiar el mundo. A nivel geopolítico el tema no mejora: culturas y civilizaciones enfrentadas durante siglos matándose continuamente en guerras que sólo los más cabestros son capaces de catalogar como justas. Es cierto que hay aspectos que atenúan o redimen levemente el lamentable balance general del paso del hombre por el planeta Tierra, y no me refiero al amor o la amistad (aunque son cosas que, oye, no están mal) sino al conocimiento, el arte, la cultura y la capacidad de inventar. A veces incluso estas creaciones son capaces de mirar directamente a los ojos del hombre y decirle a la cara lo miserable que es o burlarse de su ridiculez. Una vertiente crítica, paródica e incluso burlona que se ha dado en todas las ramas culturales desde tiempos inmemoriales y a la que se suma, quizá con un poco de retraso, el mundillo de los videojuegos.

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El lenguaje del color

color-introLa comunicación, proceso a través del cual dos entidades intercambian información, puede darse mediante infinidad de lenguajes y códigos. Algunos estructurados y traducibles, como la lengua escrita; otros no verbales, como el lenguaje corporal; y otros más o menos universales, como el que hoy nos ocupa: el color. Los colores invaden nuestra vida de mil y una formas. Los elegimos al vestirnos, nos dan una pista del tiempo que va a hacer hoy, de la temperatura a la que está el acero o de la vergüenza que está pasando una chica al darse cuenta de que la miramos de reojo. Sin unas reglas definitivas, su interpretación deriva de nuestra propia experiencia e instinto milenario, el cual gracias a las distintas ramificaciones artísticas, tales como la pintura, el teatro o el cine, se ha transformado en un universo rico y lleno de matices, donde cada pincelada puede cambiar el sentido de una obra en su totalidad, haciéndola hablar sin palabras.

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Toma una galleta

tomaunagalleta-introDesde la más tierna infancia hay una idea que se graba a fuego en la memoria de cada ser humano: toda acción tiene una consecuencia. Y, generalmente, esa consecuencia tiene una cierta relación con la acción cometida. Esto implica dos aspectos importantísimos. Primero, que debemos tener sumo cuidado con lo que hacemos, puesto que aunque no sea nuestra intención, nuestros actos pueden desembocar en algo muy desagradable; y segundo, que si somos inteligentes y sagaces (o, desde otro punto de vista, mansos y obedientes) podemos inducir las consecuencias deseadas. Esta tercera ley de Newton aplicada al plano psicológico se pone muy de manifiesto en el mundillo videojueguil. Las acciones cometidas por el jugador deben tener consecuencias, y en efecto, el jugador debe aprender cómo provocar los resultados apetecibles. Con el paso de los años, a los jugadores, tanto veteranos como noveles, también se nos ha grabado a fuego una serie de aspectos que ya hemos tomado como parte de la idiosincrasia del mundillo. Sin quererlo, ya somos capaces de adivinar muchas de las consecuencias que tendrán nuestras proezas o nuestras torpezas. Quizás hasta el punto de sentirnos como ratas de laboratorio, superando un intrincado laberinto sólo por seguir los dictados de un instinto que nos grita que al final del todo se encuentra la recompensa.

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