La fuga de Deponia

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Un adorable montón de chatarra

Ponderar la importancia de los clásicos es una tarea hercúlea. Resulta complicado pensar en las plataformas sin tener de referente a Super Mario Bros. (Nintendo, 1985), o a Wolfenstein 3D (id Software, 1993) si hablamos de los FPS. En ocasiones, esta referencia se agarra al género de forma que se hace muy difícil escapar de ella, impregnando las obras subsiguientes con un aroma que nos gusta, pero que nos resulta demasiado familiar. Ni siquiera el paso del tiempo, ya sean décadas, es capaz de orear ese halo de deja vu. Llegados a un punto, podría ser una buena estrategia no luchar contra él, aceptarlo, y sacar un buen juego de los mismos bocetos con los que se fundaron los clásicos. De esta forma, si La fuga de Deponia (Daedalic Entertainment, 2012) fuese un juego de plataformas, quizá no tendría bloques cuadrados con un signo de interrogación que esconden monedas y setas, pero sí que habría un banderín al final de cada nivel.

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The Dig

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En las profundidades de la mediocridad

¡Cómo me gusta(ba) LucasArts! La empresa que asentó la regla principal que deben cumplir las aventuras gráficas point&click: no putear demasiado al jugador. Con eso, y con el talento y la creatividad de Ron Gilbert, Tim Schafer, Dave Grossman o los principales responsables de esta obra, Sean Clark y Brian Moriarty, se convirtieron en el referente mundial del género desfondando a la mayoría de la competencia. En la compañía americana (hasta 1990 conocida como LucasFilm) nacieron joyas imperecederas como Loom, Maniac Mansion, Grim Fandango, la saga Monkey Island o los juegos de Indiana Jones. El juego a tratar no está entre los más conocidos de la compañía… en realidad, podríamos decir que es uno de los más oscuros y arrinconados. ¿Podría ser que estuviéramos ante una joya olvidada? Todo es opinable, y soy consciente de que este juego tiene sus admiradores, pero voy a dar mi sincera opinión sobre un juego que, a mí por lo menos, me dejó bastante frío.

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