La fuga de Deponia

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Un adorable montón de chatarra

Ponderar la importancia de los clásicos es una tarea hercúlea. Resulta complicado pensar en las plataformas sin tener de referente a Super Mario Bros. (Nintendo, 1985), o a Wolfenstein 3D (id Software, 1993) si hablamos de los FPS. En ocasiones, esta referencia se agarra al género de forma que se hace muy difícil escapar de ella, impregnando las obras subsiguientes con un aroma que nos gusta, pero que nos resulta demasiado familiar. Ni siquiera el paso del tiempo, ya sean décadas, es capaz de orear ese halo de deja vu. Llegados a un punto, podría ser una buena estrategia no luchar contra él, aceptarlo, y sacar un buen juego de los mismos bocetos con los que se fundaron los clásicos. De esta forma, si La fuga de Deponia (Daedalic Entertainment, 2012) fuese un juego de plataformas, quizá no tendría bloques cuadrados con un signo de interrogación que esconden monedas y setas, pero sí que habría un banderín al final de cada nivel.

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