Toma una galleta

tomaunagalleta-introDesde la más tierna infancia hay una idea que se graba a fuego en la memoria de cada ser humano: toda acción tiene una consecuencia. Y, generalmente, esa consecuencia tiene una cierta relación con la acción cometida. Esto implica dos aspectos importantísimos. Primero, que debemos tener sumo cuidado con lo que hacemos, puesto que aunque no sea nuestra intención, nuestros actos pueden desembocar en algo muy desagradable; y segundo, que si somos inteligentes y sagaces (o, desde otro punto de vista, mansos y obedientes) podemos inducir las consecuencias deseadas. Esta tercera ley de Newton aplicada al plano psicológico se pone muy de manifiesto en el mundillo videojueguil. Las acciones cometidas por el jugador deben tener consecuencias, y en efecto, el jugador debe aprender cómo provocar los resultados apetecibles. Con el paso de los años, a los jugadores, tanto veteranos como noveles, también se nos ha grabado a fuego una serie de aspectos que ya hemos tomado como parte de la idiosincrasia del mundillo. Sin quererlo, ya somos capaces de adivinar muchas de las consecuencias que tendrán nuestras proezas o nuestras torpezas. Quizás hasta el punto de sentirnos como ratas de laboratorio, superando un intrincado laberinto sólo por seguir los dictados de un instinto que nos grita que al final del todo se encuentra la recompensa.

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Apuntes de apoyo

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Art by Laurielle, imagen que inspiró este artículo

Vamos a jugar a un juego. Delante de ti hay dos puertas, una roja y una azul. Una de ellas conduce al éxito, a la princesa secuestrada y a la perspectiva de una más que probable noche de pasión desatada y monárquica. La otra lleva al fracaso y la humillación, a buitres que se comerán tus entrañas mientras se burlan y te señalan. Y tú, conocedor de la tesitura, te encuentras ante la decisión a tomar sin la más mínima pista –o eso crees–. Tienes dos opciones: o bien te fías de tu intuición y seleccionas una opción, o por el contrario haces trampa, abandonas momentáneamente tu rol en el juego, pides ayuda, buscas a otros jugadores que ya hayan superado (o no) el desafío y encuentras la respuesta: Puerta roja. Y la eliges, a sabiendas de que no hay posibilidad de error. Pero algo ha ido mal; la princesa está tan guapa como siempre, pero en tu interior una voz te dice que no te la has ganado justamente, que su gratitud se basa en una mentira. ¿Por qué? En realidad, la has rescatado, y eres el héroe. ¿Por qué debías elegir una de las dos puertas sin pista alguna? ¿Acaso era justo el desafío? ¿Has obrado bien al abandonar tu rol en el juego para volver con información confidencial, o quizá era tu obligación registrar una vez más todo el escenario en busca de alguna pista que quizá pasaste por alto? Preguntas difíciles, especialmente para el jugador actual, que vamos a desarrollar pero no a resolver. Porque es imposible.

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