Braid

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Tempus fugit

¿Puede un videojuego tener personalidad? Este atributo meramente adecuado para seres humanos en muchas ocasiones es utilizado alegremente para describir ciertas cualidades o aptitudes de una obra artística o cultural, quizá por incapacidad del autor para encontrar los adjetivos adecuados o quizá por el atrevimiento de pensar que el público objetivo al que va dirigido va a entender el concepto mejor y más fácilmente. Entonces, ¿pueden tener personalidad o no? ¿Puede un videojuego recoger fielmente las ideas más profundas de su autor de forma que el jugador sea capaz de reconocerle a través de su trabajo? Seguramente no, pero algunas obras, como Braid, ocultan sin miramientos esa línea que separa los videojuegos de las obras exclusivamente comunicativas, entre las que se engloban la literatura o el cine, de forma que todo detalle –jugable o no– tiene un propósito.

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