Puzznic

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El paradigma del puzle (casi) puro

En la actualidad, los puzles o rompecabezas juegan un papel secundario en la industria del videojuego. Se tiende a su utilización casual, a veces como aderezo y otras como complemento a la mecánica principal. Es innegable que en ocasiones viene bien introducir un par de puzles para sacarnos durante unos instantes de la fatigosa rutina, como sucede en God of War; y que en otras tesituras se consigue entremezclar de forma tan natural con géneros como las plataformas o las aventuras que los mantiene presentes en casi todo momento, siendo éste el caso de sagas como The Legend of Zelda. En cambio, el puzle puro, que no requiere habilidad alguna con los pulgares pero sí destreza con las neuronas, no está tan extendido. Al menos, esa es la percepción que tiene un servidor, capaz de devorar mecánicas puzleras como galletas engulle el Monstruo del Ídem, y decidido a escarbar en oscuros catálogos en busca de títulos desconocidos que acallen un insoportable síndrome de abstinencia del rompecabezas videojueguil. Vicios aparte, lo que sí parece una máxima no escrita es que generalmente los juegos de puzle suelen ser muy satisfactorios, y Puzznic no es una excepción.

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Metroid II: Return of Samus

Viaje al centro de SR388

Viaje al centro de SR388

Segundas partes nunca fueron buenas. Una frase tan manoseada como incierta (¿alguien duda de que El Padrino: Parte II es una buenísima película?) pero que esconde una innegable realidad: No es fácil realizar una secuela. El mundo de los videojuegos está lleno de ejemplos, de patitos feos y ovejas negras con el número dos a cuestas como una losa. Castlevania II: Simon’s Quest, Zelda II: The Adventures of Link o cualquiera de las dos versiones de Super Mario Bros. 2 (el original japonés o la alteración de Doki Doki Panic!) se han llevado palos por alejarse del concepto original. Hay que entender que aún no existía un estándar en esas sagas y que el miedo a ser demasiado continuista llevaba a las franquicias a terrenos algo diferentes. Los esquemas de Metroid también se vieron alterados en esta segunda entrega. ¿A mejor? Antes de contestar rotundamente, vamos a desarrollarlo hasta que no dé más de sí.

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Shatterhand

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¿Eres un tipo duro?

Las películas de acción de la década de los ochenta inspiraron un buen montón de videojuegos que, aunque no se basan en ninguna licencia oficial, infunden todo el sabor a testosterona, peleas y explosiones que tenían los clásicos del género. Contra, Bad Dudes o Journey to Silius bebieron, de forma diferente, de aquellas cintas palomiteras de guerra o ciencia ficción. Shatterhand une de forma sensacional en la primogénita de Nintendo todas esas emociones, todo el sabor a clásico horterilla ochentero que tanto veneramos los que crecimos en la época del Scalextric y el Telesketch. Y lo mejor de todo es que ha envejecido mucho mejor que la mayoría de esas películas y juguetes.

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The Lone Ranger

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Un juego para hombres de pelo en pecho

¡El Llanero Solitario! Hi-yo, Silver! Away!

Cabalgando en su hermoso caballo a la velocidad de la luz, dejando una nube de polvo y gritando “Hi-yo, Silver!”. ¡El Llanero Solitario!

En compañía de Toro, su fiel amigo indio, quien siempre que se le necesita está a su lado para combatir por la justicia en el viejo Oeste, regresa a esos días de lucha contra el mal.

Montando a su gran caballo, Plata, ¡el Llanero Solitario cabalga de nuevo!

Hi-yo, Silver! Away!

Ahh, el Llanero Solitario… ¿Cuántas veces hemos soñado durante la tierna infancia convertirnos en un justiciero con antifaz, que cabalga por el salvaje Oeste disparando a rufianes y bandoleros, junto a un fiel compañero indio que nos sigue allá donde vayamos? Efectivamente, ni una. El personaje creado en 1933 tuvo sus momentos de gloria, sus retransmisiones radiofónicas, sus numerosas novelas, sus pelis en blanco y negro, y hasta su serie de dibujos animados; pero desde luego a la generación actual nos suena arcaico y anacrónico. Un juguete viejo y roto que, cual Woody, ha sido apartado por incontables remesas de superhéroes de una nueva y mejor era espacial. Sin embargo, amigos míos, los viejos vaqueros nunca mueren del todo, y con The Lone Ranger vamos a descubrir por qué el Llanero Solitario es uno de los mayores héroes del far west… tras Condemor, por supuesto.

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