La teoría de la montaña rusa

montañarusa-introPocas cosas cortan más la respiración que el momento en el que baja la barra de protección de nuestra pintoresca vagoneta y comienza la lenta pero implacable subida. La frente perlada de frío sudor no es más que uno de tantos síntomas que reflejan esa extraña mezcla de miedo e impaciencia, de desconocimiento e ilusión. Intuimos, sin lugar a dudas, a dónde nos lleva todo: el tren se detendrá en el mismo punto donde comenzamos, las barras se levantarán y los usuarios bajarán ordenadamente mientras sonríen, disimulando el mareo y dejando paso a una nueva tanda de ingenuos y aventurados clientes. La experiencia es absolutamente completa: los preliminares generan la tensión adecuada y ese momento final en el que te alejas de la atracción mientras comentas las sensaciones con tus amigos o familiares refuerza el recuerdo de la pequeña aventura. Entre tanto, las idas y venidas a toda velocidad y los loopings imposibles provocan gritos descontrolados y aumentan nuestras pulsaciones hasta niveles posiblemente no muy saludables. Una obra de ingeniería meditada y diseñada para estimular continuamente la segregación de endorfinas. Felicidad pura y dura, que lo dice la química.

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