Overboard!

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Arrrr, ¡izad la mayor!

Una de las cosas que más nos gusta a los jugones es bucear en épocas pasadas en busca de títulos más o menos desconocidos. Lo hacemos con tanta pasión que muchas veces tendemos a exagerar las bondades de dichos juegos en aras de darlo a conocer, o quizás, bajo un impulso más primitivo, buscando un reconocimiento como “descubridor” de joyas ocultas. Algo parecido sucede al acercarse a juegos como Overboard!, uno de esos títulos especiales que da gusto disfrutar sin prestar atención a sus fallos. Una pieza no muy redonda tal vez, pero al mismo tiempo es tan original e inclasificable dentro de su sencillez que logra un nivel de adicción realmente épico. Pero bueno, no desplumemos todo el pollo en el primer párrafo, mejor lo saboreamos poco a poco. ¿Nos acompañáis?

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¿A quién me parezco, eh? (¡hola!) ¿A quién me parezco?

Como siempre, vamos a ubicar un poquito el juego. Overboard!Shipwreckers en América–, como otros juegos coetáneos de la talla de Wipeout o G-Police, fue desarrollado por la británica Psygnosis, la compañía estrella de Sony para localizar y desarrollar juegos para PlayStation destinados principalmente al público occidental. Eso no quita, claro, que también tengan en su catálogo creaciones más discutibles, como Lifeforce Tenka o Sentient, o distribuyeran ñordos de la talla de Spice World o Chronicles of the Sword. En cualquier caso, a Psygnosis se la recuerda como una compañía querida, con unos privilegios notables tras ser adquirida por Sony que se notaron desde el principio por medio de unas demos de salida cargadas de juegos relacionados con el estudio inglés. Precisamente en una de esas aparecía Overboard!, y ese vago recuerdo puede hacernos, varios años después, ir en su busca. A un servidor le pasó.

overboard-03Difícil de catalogar, el videojuego que nos ocupa no se encuadra en ningún género concreto. Incluye elementos de acción, estrategia, aventura y ese tipo de laberintos abiertos tan típicos de los clásicos arcade. Podría parecer, a priori, que estamos hablando de algo demasiado indefinido, como una hamburguesa con caviar y curry, sin embargo, la jugabilidad se muestra natural y sabrosa. Un plato exótico pero apto para cualquier paladar. Mucho mejor, claro está, si tienes afición a manejar barquitos teledirigidos, puesto que el juego nos pondrá a los mandos de un pequeño navío pirata, armado con las más eficaces armas, a la conquista de puertos y a la caza de tesoros. El sueño de todo hombre que se precie, ¿verdad? Pues ese es todo el argumento del juego: eres un pirata y tienes que salir ahí a demostrarlo.

Overboard! toma una estructura de niveles clásica: cinco mundos con cuatro pantallas cada uno. El objetivo principal en cada nivel es ir tomando una serie de botellas (debemos suponer que en su interior hay un papel) mientras recorremos diferentes estancias y caminos acuáticos plagados de trampas, enemigos y power-ups. Tendremos acceso a un mapa que originalmente estará incompleto, pero que iremos ampliando conforme recojamos las mencionadas botellas de vidrio hasta que, eventualmente, completamos todo el recorrido y se nos muestra el punto de salida para pasar al siguiente nivel. Fácil, sencillo y para toda la familia.

overboard-04Esto, evidentemente, no es un camino de pétalos de rosa, pero el juego pone ciertas funcionalidades a nuestra disposición para que nosotros, tiquismiquis y quejicas por naturaleza, le demos el enfoque que más nos convenza. Precisamente, la perspectiva del juego es modificable en cualquier instante del mismo entre tres posibles posicionamientos de cámara: cenital, ligeramente inclinada y, la más útil de todas, colocada justo detrás de la popa de nuestra pequeña embarcación mientras nos sigue a todas partes. De esa forma, y pasando de una a otra apretando simplemente un botón y sin pausar la acción, el jugador puede utilizar la más idónea en cada momento. Es un puntazo, la verdad, aunque quizá el diseño de niveles condicionará a elegir mayoritariamente la cámara que te sigue.

Comparación de las tres perspectivas para una misma posición. Pulsa en la imagen para verla en grande.

Comparación de las tres perspectivas para una misma posición. Pulsa en la imagen para verla en grande.

El control es algo peculiar, con R1 nos movemos viento en popa y con la cruceta se podrá virar así como ajustar la velocidad. En alguna perspectiva de las antes mencionadas se nos exigirá un periodo de acondicionamiento a este tipo de control basado en acelerador y giros. L1 da acceso al mapa y los gatillos R2 y L2 sirven para seleccionar un arma dentro del abanico de disponibles –con munición limitada pero abundante–, representado de forma circular en la esquina superior derecha, y que se usan con los botones clásicos del mando. Son ciertamente interesantes: cañones al frente y a los lados, lanzallamas, cohetes, minas, e incluso algún poder estrafalario como un ataque mediante descargas eléctricas. No todas sirven para todo, de forma que las podemos agrupar en armas marinas, submarinas y supermarinas antiaéreas. Como es de esperar, habrá enemigos, trampas y hostilidades varias para cada uno de los casos.

overboard-06Precisamente los enemigos comunes otorgan al juego una de sus más reconocibles particularidades: la peor inteligencia artificial de la historia de los videojuegos. A su lado, el fantasma tonto de Pac-Man parecería un refinado licenciado y los aliens de Colonial Marines los globertrotters de la coordinación. Fuera de coñas y sin ánimo de exagerar, es increíblemente fácil hacer que los barcos enemigos te sigan hasta las trampas o encallen con cualquier partícula puesta en el camino, incapaces de tomar una sencillísima ruta hacia nuestra posición. Se atacarán entre ellos sin pretenderlo, se quedarán de cara a la pared o atrapados en esquinas. La risión. Indudablemente, el jugador pillo y taimado usará esto a su favor siempre que le sea posible. Por extraño que parezca, esta característica tan fea e impropia de un juego de calidad le añade cierto encanto. Así de paradójico. Es difícil explicar por qué, pero resulta realmente divertido explotar las debilidades del comportamiento programado de las embarcaciones rivales para derrotarlas (cosa que por otra parte no será fácil). Así que una buena IA enemiga habría redondeado el reto creciente, exigente y adictivo que supone ir progresando por esta fantástica sucesión de rutas fluviales, pero hay lo que hay.

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¿Hay una trampa por el camino? ¡Qué mas da! El barco enemigo irá a por ti en línea recta

Habíamos dejado caer, así como el que no quiere la cosa, que no es un juego precisamente fácil. Esto es así debido a una serie de factores un pelín exigentes, puesto que los recuperadores de salud no abundan y algunos ataques o roces con las trampas pueden robarte casi toda la barra de salud. Y las vidas son tan limitadas que merece la pena ahorrar para los últimos niveles. Pero si algo te robará el sueño y destrozará tus chakras es el fuego. Es demoledor. El más mínimo contacto incendia nuestro barco e iremos perdiendo vitalidad a menos que consigamos apagarlo en alguna catarata cercana. En caso contrario estaremos en un verdadero apuro, y la tripulación lo tiene clarísimo, puesto que continuamente irán saltando grumetes al agua, que morirán ahogados si no los recogemos rápidamente, perdiendo importantes cantidades salud. Claro que también podemos provocar el efecto contrario, incendiar barcos enemigos y ser nosotros los que recojamos sus marineros huidizos. Cosa que por otra parte es tremendamente gratificante. Tampoco podemos decir que Overboard! sea injusto, ya que también hay decisiones que benefician al jugador, como que tras perder una vida y mandarnos al chekpoint de turno, todos los enemigos eliminados hasta nuestra muerte no resurgirán. Se agradece, señores de Psygnosis. No hay mayores quejas al respecto, la dificultad crece y también se disfruta viendo que sigues mejorando constantemente hasta ser todo un experto en estas batallas marítimas. Existen tres dificultades a elegir, donde la intermedia ya es suficientemente desafiante, pero allá vosotros.

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¿Morir ahogado o quemado? Tu tripulación ya ha elegido…

Si bien tenemos una buena variedad de enemigos comunes, incluyendo excentricidades como loros que lanzan bombas o platillos volantes que abducirán parte de nuestra tripulación, las trampas presentan poca variación y a veces se abusa un poco de la acumulación de las mismas. Algunos enemigos y trampas pueden llegar a ser un pelín desesperantes, como los volcanes que lanzan bolas de fuego a puntos aleatorios o los enormes peces que empujan tu barco y que son difíciles de destruir. También existen jefes finales, que ocuparán casi la totalidad del nivel final de cada mundo y no se eliminan fácilmente, especialmente los últimos. Por supuesto, siguen la tónica anacrónica y estrafalaria de los enemigos vulgares, por lo que podremos enfrentarnos a inmundos bichos gigantes, máquinas de guerra armadas hasta los dientes o algún extraño y corpulento ser mitológico. Pueden hacerte sufrir de lo lindo, y precisamente por ellos es tan importante ir guardando algunas vidas extra.

overboard-09Turno para el diseño de niveles. La mayoría son lineales, obligándote a pasar por las diferentes zonas por orden para conseguir las botellas y checkpoints; pero otros niveles, muy bien diseñados por cierto, ofrecen más libertad al jugador, pudiendo incluso saltarse a la torera (o a la pirata) el esquema preestablecido por el juego. En algunos habrá que explorar, buscar interruptores e incluso desarrollar estrategias inteligentes para evitar las batallas en campo abierto. No se puede decir que lleguen a ser puzles, pero sí que es conveniente planificar y explorar (ocasionalmente aprender) todo el nivel para realizarlo de la forma más eficiente posible. Y si lo hacemos muy concienzudamente también hallaremos zonas secretas a las que accederemos tras cañonear paredes con aspecto quebradizo, y que contienen apetitosos ítems, munición y quizá algún tesoro. ¿Qué son estos tesoros? Vamos a verlo.

overboard-10En cada uno de los niveles hay un número concreto de tesoros, que se indica en la parte inferior izquierda de la pantalla, y que se ocultan por cualquier parte del nivel, algunos visibles, otros escondidos por las esquinas y otros directamente en las áreas secretas. No sirven para nada. Al final del nivel se hace un recuento y nos felicitarán si los hemos obtenido todos. Nada más. Ni fases extra, ni bonus, ni final distinto. El único aliciente para coleccionarlos es el reto personal. Lo que sí tiene más sentido es el divertidísimo modo multijugador, donde hasta cuatro jugadores (vía multitap) podrán enfrentarse todos contra todos hasta que sólo uno quede en pie. Muy simple, pero muy entretenido, dando la sensación de que cualquiera puede ganar, siendo clave la obtención de ciertos ítems al principio de la contienda.

overboard-11En definitiva, la jugabilidad no cambia prácticamente nada durante todo el juego. La puesta en escena de los primeros niveles muestra el potencial que posteriormente se desarrolla. Las cotas de adicción son altísimas gracias a su divertidísima mecánica y a ciertas sorpresas en el desarrollo de niveles (¡estoy volando dentro de una burbuja!). A esto ayuda una ambientación bizarra y desenfadada. No sólo en los enemigos, también en ciertos power-ups, como los que transforman tu barco en un armatoste de metal invencible o en un zeppelín para sobrevolar ciertos obstáculos. Un poco difícil, sí, pero lo justo para mantenerte en tensión y celebrar cada nivel superado como Fernando Alonso al ganar un GP o como cuando eras niño y al volver a casa tenías macarrones para comer. Además, su duración es bastante decente, con más de diez horas de juego en el caso más favorable, pudiendo aumentar muchas más en función de lo que se tarde en dominar los niveles.

overboard-12Visualmente no será un alarde de técnica y programación, pero con poquitos polígonos se logra recrear correctamente los sencillos esquemas de los diferentes escenarios. El agua, aspecto gráfico que suele ser de los más delicados, refleja nubes y sombras de forma bastante aceptable. Los modelos más elaborados también son acertados, como el de nuestro galeón protagonista, en cuyo casco se pueden distinguir varios colores, lo mismo durante las transformaciones. Y mientras algunos modelos enemigos también lucen bien, los jefes y los elementos del escenario (como los peñones o las ciudades), por el contrario, se sienten algo dejados sobre todo en cuanto a modelos, dejando caer una textura que pretende dar profundidad sin conseguirlo, dando el aspecto de una maqueta y acentuando la sensación de estar ante un barquito de juguete. Cosa que por otra parte no tiene nada de mala. En cuanto a cinemáticas, sólo tenemos una intro y un ending no demasiado brillantes en cuanto a animación.

Más irregular es el tema de las melodías, donde encontramos armoniosos y dinámicos temas –como el que se ofrece arriba– alternados con otros algo más sosos o estridentes –como el del menú del juego, que es poco menos que insoportable–. Pero los baremos en los que se mueve todo el apartado sonoro son más que aceptables, pasando de temas muy buenos a otros no-tan-buenos-pero-muy-correctos en cada cambio de nivel. En general, intentan adaptarse a la ambientación de cada uno de los mundos (tropical, medieval, polar, industrial y árabe), con tres melodías para cada uno. Destaca especialmente la variedad y el buen uso que se le da a todo tipo de percusiones, desde timbales o castañuelas a sonidos más metálicos o ruidosos. También la inclusión de instrumentos exóticos combinados con otros orquestales tiene como resultado una mezcla sorprendente y suculenta. Las explosiones, disparos, llamas y demás efectos sonoros son acertados, y quedan muy bien junto a los grititos de nuestra asustada tripulación cuando se lanza de nuestro barco en llamas (a destacar también el gritito de alivio que sueltan al ser rescatados para volver al mismo barco en llamas, pero eso es otro tema).  En definitiva, unos apartados técnicos bastante decentes para 1997.

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Un barquito que es todo amor (K)

Overboard! es un juego que merece una oportunidad. Es único en su especie, sin secuelas ni juegos medianamente parecidos a lo largo y ancho del mundillo. Es especial pese a tener sus numerosas taras (alguna de ellas de cierta importancia). Tiene encanto y eso es primordial de cara a que un juego pueda ser disfrutado con el paso de los años, y ayuda a perdonar e incluso aceptar la bajísima IA enemiga como algo característico y hasta entrañable. Un barquito que tiene personalidad y carisma pese a no hablar ni hacer nada especial más allá de moverse, atacar e incendiarse de vez en cuando. Una obra desenfadada y original que merece un reconocimiento póstumo como uno de los videojuegos más destacados y adictivos del catálogo inicial de PlayStation.

Artículo publicado originalmente el 25/02/2013 en ¡Pepinillo Guerrero!

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