El pequeño infierno del jugador pensante

littleinferno-01Aviso: este artículo no se corta en hablar de ‘Little Inferno’ y de su mensaje final, así que lo mismo no queréis leerlo hasta haberlo jugado. O sí. Vosotros mismos.

Si a lo que llamamos “videojuegos” (video games, jeux vidéo, computerspiele, コンピュータゲーム) aún no tuviera nombre, habría guerras por bautizar a la criatura. Muchos querrían que su nombre reflejara lo que son para ellos: juguetes para niños. Otros querrían que recogiera la esencia del que ya es el decimoséptimo arte (sinceramente, ya no sé por cuál vamos). E incluso habría a quienes les daría igual el término a usar, pero quisieran verlo dentro del código penal, reflejando lo violentos, estúpidos y contraproducentes que son para el desarrollo de la sociedad. Pero resulta que se llaman “videojuegos” desde hace mucho tiempo. Y se llaman así porque, en su concepción y en sus primitivas capacidades, su única aspiración era recrear pequeños desafíos (o pequeñas reglas para la interactuación en caso de juegos de simulación) que resultaran, de algún modo, divertidos o entretenidos. Pero la historia ha cambiado mucho.

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La parodia jugable

parodia-introQue los seres humanos no somos un ejemplo a seguir es algo que muchos tenemos bastante claro desde que disponemos de conciencia. Somos viles, débiles y sumisos; se nos manipula con facilidad y es difícil sacarnos de nuestra cómoda poltrona para mover un dedo por cambiar el mundo. A nivel geopolítico el tema no mejora: culturas y civilizaciones enfrentadas durante siglos matándose continuamente en guerras que sólo los más cabestros son capaces de catalogar como justas. Es cierto que hay aspectos que atenúan o redimen levemente el lamentable balance general del paso del hombre por el planeta Tierra, y no me refiero al amor o la amistad (aunque son cosas que, oye, no están mal) sino al conocimiento, el arte, la cultura y la capacidad de inventar. A veces incluso estas creaciones son capaces de mirar directamente a los ojos del hombre y decirle a la cara lo miserable que es o burlarse de su ridiculez. Una vertiente crítica, paródica e incluso burlona que se ha dado en todas las ramas culturales desde tiempos inmemoriales y a la que se suma, quizá con un poco de retraso, el mundillo de los videojuegos.

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