Adventures of Lolo (Game Boy)

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El desafiante (y portátil) regreso del príncipe azul

Cuando el universo está en peligro y los esbirros del señor del mal campan a sus anchas, la gente de bien gira la mirada hacia el héroe de acción. Cuando los villanos atemorizan a todo hombre, mujer y niño, la esperanza reside en el poderoso brazo militar. Es lo natural: a base de machacarnos, nos han acostumbrado a estas patrañas. Los protagonistas viriles, musculosos y de gatillo fácil son legión en la industria del videojuego, sin embargo, hay ocasiones en las que es más útil un capazo de paciencia que un AK-47. Y tiene suerte, porque es lo único de lo que dispone Lolo, el príncipe de los puzles, el incansable semidiós del rompecabezas videojueguil. Y con eso le basta para molar.

advlolo-01Las aventuras de Lolo empezaron hace más de lo que muchos imaginan. Antes de su primera aparición en NES, nuestra adorable e inteligente pelota azul con ojos ya había protagonizado unos cuantos juegos en MSX y Famicom. Inspirada en el clasiquísimo Sokoban (Thinking Rabbit, 1982), la saga Eggerland fue conquistando uno por uno a todo amante de los puzles que se cruzara en su camino desde su debut allá por 1985. Hal Laboratory lo consiguió creando un esquema de juego terriblemente robusto que apenas necesitó de nuevos elementos para desarrollar entrega tras entrega.

De hecho, la conocida trilogía de NES se fue justificando con muy poquitas novedades –la mayoría cosméticas– hasta que, sin saberse muy bien por qué, Hal se olvidó de su existencia. No hubo Lolos en SNES ni en consolas posteriores, tan sólo este portátil Adventures of Lolo (Hal Laboratory, 1995), por cuyo nombre cualquiera podría pensar que se trata de una de tantas adaptaciones a Game Boy de clásicos de NES. Nada más lejos de la realidad.


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Nuestro querido príncipe ya es rey. Y se ha casado. Con Lala, obviamente. Tras numerosos enfrentamientos con el malvado Egger y sus secuaces, la paz reina en el reino de Eden. Tal es el punto en que la concordia se ha hecho dueña del mundo que nuestro esférico campeón se dedica, de forma merecida, a vivir la vida padre. Una afirmación doblemente cierta, ya que se nos introduce por primera (y última) vez al retoño de nuestros bienamados reyes, bautizado Lulu en un alarde de originalidad. Lolo, Lala y Lulu, como si fuera el comienzo de un chiste malo, se dedican a asistir a festivales de música y visitar parques de atracciones. Allí, el monarca es instado a resolver puzles con el absurdo fin de reconstruir melodías o arreglar montañas rusas. Su esposa, otrora heroína, grita mientras tanto «Oh, cariño, tienes que hacer algo». Efectivamente, Lolo está jubilado.

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Nunca un videojuego de la saga Eggerland había tenido tantos textos y animaciones para entrañar un verdadero arco narrativo, y jamás había sido éste tan desastroso. Es comprensible que se quiera dotar al título de una justificación infantiloide, acorde con lo que suele hacer Hal (seamos francos, el robo de un trozo de tarta podría justificar veinte juegos de Kirby, y no pasaría nada), pero los juegos de Lolo ya tenían su estructura bien definida: Egger hace de las suyas y Lolo tiene que salvar el día. ¿Qué tenía de malo?

advlolo-06Claro, que el argumento de Adventures of Lolo nos puede importar un comino porque todo el potencial recae en los puzles. Tras un exhaustivo tutorial (no obligatorio e innecesario para aquellos con algo de experiencia en la franquicia), ya estamos listos para encarar uno tras otro los setenta niveles intermedios y los cincuenta avanzados. Y si esto no logra saciar todas nuestras ansias puzleras, aún hay cinco más de dificultad extrema. Así, con esos ciento veinticinco niveles (¡gracias, calculadora de Windows!), este Adventures of Lolo portátil se convierte en la entrega más larga de aquellas que llegaron a Occidente.


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La mecánica se mantiene inalterable una vez más. Los ocho enemigos clásicos de la saga vuelven con su acostumbrado –y dispar– nivel de hostilidad, y se mantienen la mayoría de las escasas novedades sutilmente introducidas en las últimas entregas para NES. El cambio más significativo, de hecho, viene dado por la propia resolución de la Game Boy: la cuadrícula se reduce del 11×11 habitual a un escueto 8×8. Una simple regla de tres nos indicaría que a menor cuadrícula, menor complejidad, pero el buen trabajo de Hal consigue que apenas notemos esta limitación. Es más, conseguir un diseño de niveles tan impecable como el que muestra la obra hoy analizada tiene mayor mérito aún si contabilizamos esa incómoda limitación.

advlolo-07El atractivo de los puzles de Lolo reside en que todos los elementos, ya sean cubos móviles, enemigos, terrenos especiales o corazones coleccionables, conforman un entramado de posibilidades casi ilimitadas. Objetos que suelen tener un rol más enfocado a la protección pueden convertirse en nuestra peor pesadilla, del mismo modo que el enemigo más peligroso, aquél que nos machaca con sólo entrar en su campo visual, podría convertirse en insospechada tabla de salvación. Esto tan difícil de conseguir sólo es posible con un sistema rico en reglas y lleno de resquicios que permitan lecturas alternativas a los planteamientos más obvios. Hasta ahí bien, pero lo que de verdad hace de Lolo una de las mejores sagas puzleras de siempre es su capacidad de hacer todo esto fácilmente comprensible. Adventures of Lolo consigue generar movimientos avanzados sin necesidad de añadir elementos, simplemente combinando lo que ya hay y aprovechando la capacidad de Lolo de introducirse entre casillas. Uno de los mejores ejemplos del tan cacareado fácil de aprender, difícil de dominar.

Y dominar este juego significa ser capaz de superar los niveles más avanzados. Los primeros cincuenta son un buen calentamiento, pero a partir de ahí se enfatiza de forma muy fuerte en esos movimientos avanzados que antes comentábamos. Adventures of Lolo no es  puzle puro: el timing juega un papel fundamental en muchos niveles. Y por lo tanto, también la habilidad y la precisión. El esquema de movimiento cuadriculado consigue, no obstante, que sea fácil saber cuáles son las capacidades de nuestro soberano regente. Al final, y al contrario que otros juegos donde el timing estropea la experiencia, eso de combinar el puzle con desafíos más habilidosos y mundanos aporta una frescura que es necesaria para que el jugador mantenga el interés tras más de un centenar de niveles.

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Sin duda, el juego de Hal es consciente de su grado de dificultad. Algunos niveles son capaces de tenernos atrapados durante muchas horas de dar palos de ciego. Por eso, si nos estamos quietecitos durante seis largos minutos (la equivalencia en pilas gastadas os la dejamos a vosotros) el propio juego nos enseña cómo completar ese dichoso nivel. Parece una cortesía descomunal, pero esa espera dura lo suficiente para que un último intento nunca sea una mala idea.

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Sacarle partido a la pantalla de la Game Boy en 1995 era una tarea más que superada, y desde luego Hal, bien pegadita a Nintendo, no iba a tener el más mínimo problema. Aunque no tuviera una trama a la altura, el nivel de detalle de las animaciones que amenizan nuestro periplo está muy por encima de lo que cabría esperar. Sin descuidar el mínimo de sobriedad que necesita un título que exige reflexión, los personajes y los escenarios resultan muy agradables a la vista. Además, aquellos afortunados que disponían de un Super Game Boy tuvieron la ocasión de ver de nuevo a Lolo luciendo su añil natural, pues Adventures of Lolo se programó para aprovechar expresamente el cacharrejo.

Si existe una prueba definitiva del mimo que se ha puesto en este título, está en la banda sonora. No ya por su (relativamente) extenso listado de temas, más que correcto, sino por una sorprendente característica: dependiendo de hacia dónde mire Lolo el sonido cambia ligeramente, como si hubieran incluido cuatro arreglos distintos para las melodías in-game (que, efectivamente, es lo que han debido hacer). Es difícil entender por qué algo tan chanante no se mantuvo en los niveles avanzados, pero mientras dura es una de esas pequeñas delicias que uno nunca esperaría encontrar en un título así. Todo está realmente cuidado: la banda sonora no es un mero reciclaje de temas ya utilizados en la franquicia, pero se mantiene el espíritu animado que la caracterizó. Y además, son pegadizos como ellos solos.

Pese a haber pasado de puntillas, Adventures of Lolo es uno de los mejores juegos de puzles que se ha parido. El equipo de Hal, liderado por un tal Satoru Iwata –este chico apunta maneras–, puso mucho esfuerzo para que este Lolo mostrara un buen tono a pesar de la monocromática pantalla de la portátil de Nintendo. Las aventuras de nuestro globular triunfador no acabaron aquí, aunque a efectos prácticos podríamos decir que sí: una oscura entrega en PC, y sólo para Japón, no es un broche digno para una saga tan fantabulosa. Lolo merece algo más, señores de Nintendo, y a 3DS le vendría bien algún juego de puzles a la antigua usanza. Ahí lo dejamos…

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Artículo publicado originalmente el 11/02/2014 en Pixel Busters

 

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